La fiesta de la Ascensión del Señor, en la localidad zaragozana de Ateca, es un ritual que aúna lo religioso con lo pagano otorgando continuidad e identidad a una comunidad. El hecho diferencial de la torre humana de Ateca es un clarísimo ejemplo que ilustra a la perfección la fuerza simbólica de los rituales populares. Todos los participantes ocupan un papel, un rol, que les identifica y les hace caminar juntos, experimentando así lo que los antropólogos denominan “comunitas”.
