Hacía muchos años que Hilario Artigas no cocía una hornada de cal en su pueblo Agüero, Huesca. A finales del pasado siglo este veterano calero volvió a encender el horno una vez más, con la esperanza de que este viejo oficio no cayera en el olvido. Muchos kilos de piedra caliza y gran cantidad de fajos de arbustos secos fueron necesarios para cocer una hornada de cal.
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