En el año 1998 Rosa Rey, "Rosina", como era llamada familiarmente, antes de amanecer iba diariamente al muelle de La Coruña para comprar a los pescadores el congrio fresco que habían capturado.En su pequeño secadero que tenía en la costa de Muxía se encargaba de prepararlo para colgarlo en el entramado de maderos para que se secara a la intemperie.