En la margen izquierda del río Ebro, a la sombra de la sierra de Toloño, se levantan tres significativos pueblos de la Rioja Alta: Abalos, Briñas y San Vicente de La Sonsierra. La vida de sus habitantes se ha desarrollado siempre en torno al vino, llegando a convertir este preciado líquido en el símbolo de una forma de vida basada en la cultura vitivinícola.