Al entrar en el museo etnológico de La Font de la Figuera, en el año 2005. todavía era posible encontrar a aquellos personajes que podían decirnos mucho sobre los objetos recuperados. Allí, dos hombres cargados de tiempo reconocieron un pasado común. Viendo las hoces que les dio el abuelo a sus nueve años, el día que comenzaron a segar como unos hombres, recuerdan ese pasado de continuas siembras, inciertas cosechas, duros trabajos para recoger la mies y separarla del grano.
