En las estribaciones de la Peña Oroel se extiende entre pinares la Pardina de Ordolés. Sus propietarios son unos apasionados ganaderos que dedican su esfuerzo a la cría de caballos salvajes. A finales de junio, el calor aprieta en la pardina y el terreno apenas da para que los animales puedan comer hierba de escasa calidad nutritiva. Como todos los años, Alfredo García y su familia preparan las yeguas con sus potrillos para iniciar la subida hasta el puerto de Lanuza, con el fin de proporcionales mejores pastos y mayor higiene en las altas cumbres del Pirineo.
