En la llanura de la Hoya de Huesca, al pie de la sierra de Gratal, la localidad de Lupiñén se beneficia de una excelente climatología apropiada para la cría de los capones. Allí, Eduardo Sobrevía y su familia llevan más de doce años criando estas gallináceas por el sistema tradicional. Los capones no son más que los pollos castrados y cebados en un momento determinado de su vida. Y este exquisito manjar se lo debemos a los romanos, que conocían bien los cambios que sufrían los eunucos y decidieron castrar a los pollos con unos estupendos resultados.